Preparación escolar

El impacto positivo de los programas de alta calidad para la primera infancia en el éxito de los niños en la escuela y más allá ha sido bien documentado. Muchos estudios han demostrado la importancia de los primeros años para el desarrollo del cerebro. Y en las últimas cuatro décadas, numerosos estudios, incluidos el Estudio Prery de Perry, el Proyecto Abecedarian, el Estudio Longitudinal de Chicago y el Estudio de Costo, Calidad y Resultados del Niño, han demostrado que la educación de alta calidad en la primera infancia aumenta la probabilidad de que los niños, particularmente aquellos de entornos desfavorecidos, se convertirán en estudiantes y ciudadanos exitosos.

Los programas de alta calidad brindan a los niños relaciones seguras y afectuosas con educadores y cuidadores, estimulando oportunidades de aprendizaje y experiencias que los preparan para los años escolares posteriores. Estos programas se caracterizan por las siguientes prácticas:

  • Comunicación receptiva y rica en lenguaje entre adultos y niños;
  • Refuerzo positivo y apropiado de habilidades y comportamiento;
  • Ensayo extenso de viejas y nuevas habilidades cognitivas, académicas y de desarrollo;
  • Orientación en habilidades sociales deseables y facilitación de interacciones positivas entre pares y adultos;
  • Diversas actividades estructuradas e informales que alientan a los niños a reflexionar, predecir, cuestionar e hipotetizar;
  • Disponibilidad de numerosos materiales, recursos y juguetes que se centran en el lenguaje y la alfabetización;
  • Actividades que fomentan la participación de las familias y los cuidadores de los niños; y
  • Incorporación de una nutrición adecuada y hábitos que respalden la buena salud.

Después de experiencias tan ricas y diversas, los niños pueden manejar mejor la educación formal. Tienen éxito porque tienen habilidades de lenguaje que están más desarrolladas, un mejor sentido de trabajo en grupo y juego con otros niños, y una base en otras habilidades académicas y sociales básicas. También tienen expectativas positivas sobre la escuela.

Los niños que han pasado por estos programas también tienen relaciones más seguras con los adultos; Estos niños están mejor equipados para seguir instrucciones y es más probable que confíen en figuras de autoridad y puedan comunicar sus necesidades. Los niños pequeños son aprendices capaces, y tener este tipo de experiencias educativas durante sus años preescolares les permite aprender a un ritmo más rápido, convertirse en mejores lectores y, en consecuencia, mejores estudiantes.